Lo mínimo no es lo irrelevante: es lo que articula, lo que vincula, lo que sostiene una relación invisible entre las partes. Cada artista que integra este ciclo, sea el más convocante o el más nuevo, es una partícula: cumple la misma función estructural, sostiene el ciclo no por su nombre sino por el vínculo que genera con quienes lo rodean en la programación.
Como las partículas, estos artistas a veces se comportan de forma impredecible, pueden habitar más de un estado a la vez, se afectan mutuamente incluso a distancia, generando momentos únicos que no se repiten dos veces.